El Gobierno danés y una amplia mayoría del Parlamento —incluyendo partidos de izquierda, centro y derecha— han alcanzado un acuerdo político para reforzar la protección frente a las imitaciones digitales de personas reales mediante inteligencia artificial.
¿Qué prohíbe el acuerdo? La iniciativa se plasmará en una reforma de la Ley de Propiedad Intelectual que declarará ilegal la difusión de deepfakes y otras reproducciones digitales hiperrealistas de los rasgos personales de una persona: su rostro, su cuerpo y su voz. Los artistas intérpretes también quedan expresamente protegidos frente a reproducciones falsas de sus actuaciones. Se respetan, no obstante, la parodia y la sátira como formas legítimas de expresión.
La clave democrática. El acuerdo no se presenta solo como una medida de protección individual, sino como una respuesta a un problema sistémico: cuando la tecnología hace imposible distinguir lo real de lo fabricado, la confianza pública en la información —condición necesaria para el debate democrático— queda erosionada. Varios parlamentarios señalaron explícitamente que los deepfakes no dañan únicamente a quien ve usurpada su identidad, sino a la sociedad en su conjunto.
La responsabilidad de las plataformas. El acuerdo contempla también obligaciones para los grandes servicios digitales, a quienes se exigirá la retirada de los contenidos ilícitos antes de que se propaguen. Una voz crítica, la del partido Alternativet, advirtió sin embargo de que actuar solo a posteriori es insuficiente: la regulación debería alcanzar también a las plataformas de IA que permiten generar el contenido en origen.
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